Suele decirse que cuando la reina María Antonieta inquirió acerca de las causas del desconcierto popular, le respondieron “el pueblo no tiene pan, Su Majestad”, suele decirse que la Reina contestó “entonces que coman pasteles”. Suele decirse que esa injuriosa respuesta fue uno de lo detonantes de la Revolución Francesa. Allí en el palacio de Versalles poco sabían de la realidad, poco les importaba. La frase de María Antonieta cuando le informaron cual era el marco social revela un grado de indolencia e impunidad tan inapelable que pudo permitirse la injuria. Fue decapitada en 1793 a los treinta y ocho años.
Un tema es recurrente, por la dimensión y la gravedad que encierra. Siete de millones de morosos constituye un nuevo sujeto político. Es uno de esos momentos en que sería recomendable ser sensible a las dificultades de la gente. Sin embargo es el mismo Gobierno el que agrava sus problemas y agrede a sus interlocutores. Los créditos que asfixian a familias y empresas es la consecuencia de la política macro y monetaria del Gobierno, que a mediados de julio del año pasado llevó la tasa de interés al 120% por temor a una corrida cambiaria. Si el promedio de la mora se ubico históricamente en el 2,5% y desde julio del año pasado se espiralizó al 14% ¿”es un problema entre privados” –Caputo dixit- o “nadie les puso un revolver en la cabeza” –Milei dixit- o siete millones de personas se volvieron de repente en burros termo neuronales –versión del Gobierno dixit-)? Si un Gobierno no debe ocuparse de un problema sistémico que provocó y que afecta a semejante cantidad de personas y a la economía ¿de qué debe ocuparse? Que coman pasteles.
Nietzche dijo “no me importa que me hayas mentido, me molesta que a partir de ahora no pueda creerte”. Al relato de cualquier gobierno lo acecha el mismo peligro: volverse inverosímil a fuerza de pronósticos errados (pedo de buzo, brotes verdes, los mejores 18 meses, la economía volando), mentiras evidentes (el ajuste lo iba a pagar “la casta”), resultados decepcionantes (la mayoría no llega a fin de mes). El principal juego que le propuso a la sociedad es que el dolor y el esfuerzo esta vez valdrían la pena. Una parte importante apretó los dientes. Pero el programa falla en algo esencial: la bonanza tarda en llegar. Y no es, como pretende argumentar el Presidente un tema de tiempos (“la macroeconomía tiene un rezago de 24 meses” Miliei dixit) sino un problema de diseño. La inversión productiva va en descenso (15% del PBI), los salarios registrados pierden contra la inflación, la falta de consumo (tres cuartas partes del PBI) sigue en caída lo que redunda en una caída de la recaudación, por lo cual el equilibrio fiscal depende de futuras, afiladas y crueles motosierras. El plan basado en los libros de Hayek, Von Miste, Rothbard se muerde la cola. Que coman pasteles.
El tema es que las víctimas de las recetas que el mileismo convalidó, votan. Todos estos episodios van limando el capital simbólico de quién se autodefinía como “un experto en crecimiento con y sin dinero” y tenía conocimientos tan sofisticados que podía darse el lujo de tratar a reconocidos colegas como “econochantas, mandriles, tarados”, y hasta, auto postularse al premio Nobel de Economía.
Todos los sondeos cualitativos y encuestas, señalan que comienza a modificarse la percepción de la opinión pública sobre el liderazgo de Milei. Se ensancha el universo de los decepcionados aún entre los que apoyan el rumbo. Todos los que estudian los comportamientos sociales sostienen que es muy difícil identificar los “puntos de quiebre” que en muchos casos se cocinan a fuego lento. En los ciclos políticos hay circunstancias en las que el humor social sufre una mutación. Lo que antes se veía de una forma ahora se empieza a ver de otra. Lo que parecía autentico se empieza a ver como impostado, lo que se identificaba como franqueza hoy se ve como insensibilidad, lo que lucía novedoso hoy termina siendo lo mismo. ¿Estamos asistiendo hoy a uno de esos momentos en los que cambia el viento del humor social? Para decirlo en lenguaje de café ¿Milei, tiene el boleto picado? Aún no. Sin dudas, porque entre otras cosas, Milei es un tipo de suerte. Por citar solo un caso, la semana anterior fue una de las peores del gobierno, tanto en materia política como comunicacional, pero siempre en los peores momentos M, aparece en frente un Quintela (el bizarro gobernador riojano) o un Agustín Rossi (aquel al que “se le perdió un misil) que señalan que van a expropiar o hacer todo lo contrario. Recordemos que salvo el núcleo duro, la sociedad, mayoritariamente no quiere saber nada con esos personajes.
Ahora bien, el gobierno tiene por delante catorce meses hasta las elecciones, una ventana de tiempo para cambiar el humor social, pero que pondrá a prueba su rigidez ideológica, porque de ahora en mas, solo los hechos vencerán a la desconfianza. Para eso deberá hacer los contrario a María Antonieta. Si el pueblo no tiene pan y el gobierno se empeña en que coman pasteles, está en un problema.









































