“La foto es horrible, pero la película es maravillosa” dijo Milei, reversionando aquella tristemente frase de su admirado Menen “estamos mal pero vamos bien”.
Son los morosos, el nuevo sujeto político, más de siete millones de personas que empiezan a tallar fuerte camino al 2027. Indolente, el gobierno intenta licuar el poder politco y la legitimidad de ese sector. Tanto Caputo como Milei en sendos reportajes avanzaron en la estrategia de responsabilizar a los ciudadanos endeudados por sus decisiones individuales y despegar a la política macro de ese proceso. Dijo Milei “la pregunta es ¿le pusieron una pistola en la cabeza para endeudarse? No”. En sintonía, afirmó Caputo “cada uno debemos hacernos cargo de nuestras decisiones”. Traducido “te endeudaste, jodete”. Según el gobierno, la virtud policía del ajuste se contrapone con la economía domestica y la responsabilidad de los hogares como sujetos económicos libres. Las políticas del gobierno quedan fuera de toda responsabilidad. Para completar el panorama, en el “agudo e incisivo” reportaje que le hizo Majul el domingo, Milei se refirió a los periodistas, estudiantes, profesores, investigadores que piensan distinto como “terroristas”. Así, Milei reescribe el manual electoral, “terroristas” por un lado y a los “morosos” ni siquiera una narrativa de comprensión.
La escenografía política tiene un aroma similar al 2023. Un gobierno que aún conserva competitividad aunque sufre el desgaste de la gestión y le cuesta mantener las expectativas. Mantiene aún, un activo no menor: una fuerza opositora incapaz de capitalizar los déficits del gobierno y sin rumbo, un peronismo que no solo no encarna un cambio, sino que remite inevitablemente al pasado, no logra salir de un cuadrante que genera un enorme rechazo social, Rige otra vez un escenario de polarización forzada y elecciones por default. La pregunta es, ¿que pasará con el votante “moroso” que lo votó en la segunda vuelta en el 2023 y el votante republicano condicionado por el hastío de la identidad mileista?. El valle de los desilusionados se nutre de la cantera oficialista. Los verdaderos republicanos se sienten pasajeros de una pesadilla, el endurecimiento del discurso identitario que impacta sobre la libertad de expresión (“son terroristas”) y sobre la disidencia como virtud republicana pueden no interesarle al miletismo, pero sí a los votantes que acompañaron en la segunda vuelta en el 2023. Otro interrogante se abre con los “ni, ni”, un tercio de la sociedad desencantado con Milei y el estancamiento económico, pero que también plantean un “no al pasado”.
La agenda que promueve la Casa Rosada esta disociada de la mayoría de la sociedad, sigue manteniendo su núcleo duro que apoya el “rumbo general” que implica destruir el Estado, y abandonar definitivamente una política activa en producción (“la mejor política industrial es no tener política” Milei dixit), educación e infraestructura. Es el manual anarco capitalista, del que Milei no piensa apartarse un ápice.
Pero fue la mismísima Kristalina Giorgieva la que señaló que faltaba un “crecimiento más equilibrado”, sostuvo que la expansión se encuentra en pocos sectores de la economía (gas, petróleo, minería, agro, finanzas), pidió mejorar el consumo y las condiciones de las pymes y las familias (¿los morosos?) y concluyó “los países pobres que se transforman en países ricos necesitan de infraestructura, educación, y el imperio de la ley para combatir la corrupción”. Nada de lo que creen en las huestes oficialistas y en particular en el tema corrupción no se vio una vocación por la transparencia ($LIBRA, ANDIS, ADORNI). La reconfiguración del poder Judicial que se está gestando en las catacumbas oficialistas (Mahiques mediante) no es para oxigenarlo, sino para convertirlo en algo, que tanto las “servilletas de Corach” como “la Corte automática menemista” quedarán como un juego de niños.
Aunque parezca inverosímil, el FMI quedó a la izquierda de Milei, extraño que Milei no dijera “si no te gusta anda a Cuba”









































