La frase pertenece a un dirigente peronista de la década del 90 “para hacer un chanchuyo, tenés que saber hacerlo, y, si te ensuciás por plata, que sea por muchísima, si no te van a juzgar dos veces: por corrupto y por idiota”
En horario centra el inefable “turco” Asís, dijo “si me preguntan a mí, sobre Milei, Adorni, hoy, te diría, no saben robar. Plata para estas cosas hay. Y después no hay mucho más que decir. Pero tampoco es una novedad y te diría, en la mesa de los corruptos estos no tallan, todo lo que suman son ochocientos mil dólares, sabes, con lo que se afanó en la Argentina!!, lo que se le podría decir a Adorni es prolijidad, no te la gastes toda”. Mueve a risa, pero es trágico.
A dos meses del adornigate, mientras se siguen descubriendo cosas se abrió una grieta en el seno del gobierno, que entre otras cosas paraliza la gestión, Milei dijo que “prefiero perder la elección a echarlo a Adorni”. Las evidencias están y Adorni hasta ahora no pudo explicar nada. De manual, para el Presidente el problema es el “periodismo basura”. Sus fanáticos seguidores, a fuerza de no poder ya negar la evidencia, sostienen que Adorni es un punga comparado con los K, como si la corrupción fuera, solamente, un problema de escala.
Es cierto que el “descuido” de Adorni supone sumas irrisorias comparadas con el robo de los Kirchner. Ni hablar, ahora que salió a la luz algo que era conocido, al menos en el mundillo empresario que tenía que importar durante la gestión del tridente Alberto-Cristina-Massa. Testimonios de empresarios dan cuenta de que, había que “aceitar” el mecanismo para acceder a las SIRA (una especie de permiso para importar) a tal punto que, como pasa siempre con el ingenio argento, a muchos funcionarios del área los llamaban “movicom” porque adelante había que poner el 15. Esto lo sabía todo el mundo, y eso era lo que se hacía por “derecha”, después estaba el famoso “rulo”, donde se inventaban importaciones para acceder al dólar oficial y a través de “cuevas financieras” venderlo en el paralelo, que, recordemos, en algún momento la brecha superaba el 200%. Negocio redondo. ¿Alguien en su sano juicio cree que esto se podía hacer sin la complicidad del más alto nivel? Hasta Cristina en un momento lo dijo en un acto de la CTA, habló del “festival de importaciones” y describió en detalle el procedimiento. Lo que no sabemos es si fue a título de denuncia o de aviso porque la de Ella no estaba.
Los cálculos más prudentes hablan de 6 a 7 mil millones de dólares que pagamos todos los argentinos. El centro de gravedad giraba en torno al ministro de Economía, uno de los intocables de la política vernácula, Sergio Massa, quizá, el político con mayor capilaridad en el esquema de poder, sus “influencias” llegan a jueces, fiscales, políticos, medios, periodistas, empresarios, banqueros. En el gobierno no ven con tanto entusiasmo que se remueva la tierra en ese jardín, Massa fue financista de la campaña de Milei para destruir a Cambiemos.
Como pasa siempre, la corrupción vuelve a ocupar el centro de la agenda cuando la economía languidece. Desde hace dos meses, el que está sudando la gota gorda es Adorni, primero porque el caso es sencillo de comprender para la mayoría, típico político que desde el llano, una vez que tiene una cuota de poder, empieza a escalar en la pirámide de la corrupción, matizado por personajes tan bizarro como la escribana o tan dudosos como las jubiladas que le prestaron 200 mil dólares. La ley del karma también le jugó en contra: maltrata a los demás y serás maltratado. El ex vocero se dirigía a periodistas y opositores en rueda de prensa y en la redes con una soberbia que sabía a desprecio. La certeza libertaria de ser los únicos dueños de la verdad lo llevaba a terminar con la palabra “fin”, imponiendo así la última palabra y el cierre unilateral de la conversación, contradiciendo un principio básico de la democracia. Por eso el caso Adorni no lo pueden sacar de la agenda central, es fácil de comprender, cosa que no sucede con algo muchísimo más grande en la escala de la corrupción como es el caso $LIBRA y ANDIS, que entre otros, le quita el sueño a Karina Milei.
Se puede agregar a ello el caso AFA, en lo que también se suponían los grados de corrupción, pero que tomó sonoridad a partir de un error de cálculo cuando le dieron en un escritorio el título a Rosario Central.
En síntesis, no vamos a descubrir nada nuevo, la corrupción en la Argentina es sistémica. Mientras robar sea gratis, la agenda de la corrupción seguirá creciendo. Se reemplaza una casta por otra casta, este gobierno tiene la suya. Como siempre, el saber popular lo definió con claridad: “son todos iguales”.





































