“La moral como política de Estado” es el título del libro que prepara el Presidente. La misma frase la escribió el 1 de marzo en los libros de honor de ambas Cámaras. Y agregó “volvamos a los valores de occidente, a la filosofía griega, el derecho romano, la actitud de los estoicos, y los valores judeo-cristianos”. Desde aquel momento a hoy pasaron días en los que el gobierno quedó atrapado en contradicciones que pusieron en duda el relato sobre la austeridad, la ética, la transparencia, y en los que dejó al descubierto su escasa vocación de informar. De manual, cuando la realidad choca con el relato apelan al remanido ad hominem (del latín “contra el hombre”), o sea en vez de cuestionar el hecho, se descalifica al mensajero. Uno de los mensajes que me llegó comienza “el arco periodístico y la oposición están creando un clima de malestar manifestando un descontento basado en información sesgada”. Debo reconocer que fue más prudente que el “ignorante, ensobrados, miembros de una asociación ilícita , basuras humanas” y siguen las firmas, que utilizó el presidente Milei, para quién, a los periodistas “no se los odia demasiado”.
Los hechos conocidos y los que se van conociendo, reflejan que la moral dejó de ser el instrumento del tribunal de la santa inquisición libertaria, en el que terminarían condenados los réprobos que negaban la verdad revelada o dudaban de ella, para convertirse en una pesada piedra que golpea sobre la cúpula del poder mileísta. Los cuestionamientos, acusaciones, descalificaciones virulentas van y vienen entre los propios dirigentes, voceros y comunicadores de la primera línea mileísta, en el ring de las redes sociales se aprecia la espiral ascendente en la que está sumido el oficialismo. El propio biógrafo presidencial, un troglodita de la primera hora salió con los tapones de punta en el caso Adorni. Dicho sea de paso, otra frase medular del relato M quedó escrita en agua, “el que las hace las paga”. Esa frase fue mutando “a los nuestros se los banca”.
En una entrevista concedida a dos simpatizantes M, que tienen un programa en la TV Pública (esa que iban a cerrar), cuando preguntaron sobre los créditos otorgados por el banco Nación a funcionarios del Gobierno, el Presidente lo justificó diciendo “haber tomado ese crédito ¿mató gente?, ¿violenta el derecho a la vida? No, ¿alguien perdió la libertad por eso? No, ¿violaron la propiedad privada? Tampoco”. Esa definición nos dice que la moral, la ética política se agota en no cometer delitos penales graves. El umbral tolerable se fija en el Código Penal, no en los valores republicanos. Si no mató a nadie, ¿qué importa el conflicto de intereses, el aprovechamiento de las posiciones de poder, el enriquecimiento ilícito, el uso de información privilegiada, la opacidad en los manejos públicos?
Uno de los beneficiarios de esos créditos, es el secretario de Finanzas, Federico Furiase, quién denostaba la banca pública y a quién no le importa el cierre de empresas, sacó un crédito para la compra de una tercera vivienda. En ese ecosistema de una moral tan particular, aparecen jubiladas emprendedoras que prestan dólares, monotributistas propietarios de mansiones millonarias, beneficiarios de planes sociales titulares de empresas en el exterior, escribanas que dan fe de operaciones estrambóticas, ¿Cuál es el problema, si no mataron a nadie?
En ese limbo moral y ético el Gobierno no da muestras de tener la intención de despejar los interrogantes que abrieron los casos $LIBRAS, Andis, Adorni, el ruidoso silencio ante otros escándalos que contaminan la atmosfera nacional, como el caso AFA, donde quedó en evidencia la decisión oficial de no inspeccionar las cuentas de dicha asociación ni impulsar las investigaciones sobre Tapia y Toviggino al renunciar el veedor que había designado el Ministerio de Justicia. O, una maniobra que tienen bastante de irregular en la Secretaría de Trabajo, para habilitar Procedimientos Preventivos de Crisis (PPC) a empresas de seguridad privada, La familia Menen es dueña de una de las más grandes empresas del sector. Los Menen que también se quedaron con la caja de Anses.
“La moral como política de Estado”, el best seller que imagina Milei, quizás deba esperar.







































