Dijo Adorni sobre su declaración jurada “es impecable”. Un mes después tuvo que admitir que hace tres años arrastra un “error”, “olvidó” declarar más de medio palo verde. Diría un reconocido escritor “Argentina es un país para cobrar entrada”. Lo de Adorni, increíblemente sostenido por los hermanos Milei, hace tres meses está bajo los reflectores básicamente porque tiene todos los condimentos de, lo que en mi barrio, llamaban “piojo resucitado”: cambio de autos, de departamento, casa en el country, vuelos privados y una vida licenciosa que no condice para nada con sus ingresos. En el medio personajes bizarros como la escribana y las jubiladas que les prestaron 200 mil dólares. Fácil de comprender para la mayoría, difícil, a esta altura, responsabilizar al 95% del periodismo que Mlei considera “son una mierda”.
Distinto es el caso $LIBRA que cada día compromete más al Presidente, un tema, las criptomonedas, de difícil comprensión para la mayoría. En la apertura de sesiones el 1 de marzo, Milei escribió en los libros de honor de ambas cámaras “La moral como política de Estado, volvamos a los valores de occidente, la filosofía griega, la actitud de los estoicos, y los valores judeos-cristianos”.
A su vez, “La moral como política de Estado” es el libro que ¿prepara? Milei y pretende se convierta en un best sellers. Un oxímoron, ya que lejos de despejar los interrogantes morales y éticos que abrieron los casos $LIBRA, ANDIS, y la sucesión de hechos que involucraron a Adorni, en el medio están, desde el acceso al crédito en el banco Nación por parte de funcionarios que venían a destruir al Estado a lo más reciente, donde fueron primeros en anotarse en la ley de Inocencia Fiscal, desde Adorni a Sturzenegger pasando por el titular de ARCA. Desde ya, era de dudoso gusto ver un gobierno que ponía como unos de sus pilares el tema ético-moral del Estado, estando desde un comienzo abrazado a los Menen, que, si hablamos de “casta”, difícil encontrar más” casta” que los Menen, valga la redundancia.
Lo concreto, es que uno de esos pilares sobre los que Milei y su gobierno intentaron construir credibilidad, bajo el pomposo título de “cambio cultural”, hoy, es letra escrita en agua, y dio aire a un kirchnerismo abatido, sin ideas, anacrónico y oxidado, pero que, en ese contexto, de pronto les surge una epifanía republicana. Ver a los “kukas” defender la República es como ver a Al Capone dar clases de transparencia fiscal. Por eso, no hay riesgo “kuka” sin Milei. El que alimenta todos los días el “riesgo kuka” es el Gobierno. Fin.





































