De nuevo en recta final hacia las elecciones, año en que todos los argentinos nos convertimos en parte de la llamada “historia del país”; una frase tan machacada que ya no tiene peso. Y que absurdo es hablar de “peso” cuando el peso argentino no vale nada; y cuando todos argentinos queremos la dolarización urgente, porque esa podría llegar a ser la solución mágica. Magia, palabra tan usada por los farsantes de turno… como los magos en las fiestas infantiles, así actúan los políticos en función para con el pueblo; realizando trucos, haciendo desaparecer y aparecer cosas, ante la sorpresa de los ciudadanos.
“No fue magia”, ni nunca lo será; porque mientras siga habiendo magos en este bendito territorio que nos legó el General (no se confundan, hablo de Don José, no de Juan Domingo) todo va a desaparecer. Desaparecen las ideas, las fraternidades, las ideologías, los partidos, los funcionarios honestos y honorables; desaparecen la educación, la salud y la seguridad; desaparecen los hombres y mujeres de bien, los amigos, las familias, las instituciones; todo desaparece como por arte de magia; pero nadie reacciona. Todos sabemos que ilusión y no magia, pero todos hablamos de magia; como no queriendo aceptar la verdad.
Somos animales de costumbre, y como tales, nos rasgamos las vestiduras unos meses antes de los comicios, insultando al que está en el poder, trayendo a la memoria a los que se fueron del poder y vaticinando una Argentina en decadencia con los “precandidatos” que vendrán al poder. Somos una especie de entes que “sabemos de política” pero no sabemos a quién votar; tenemos en la boca a aquel que cambiará todo, pero terminamos viviendo la misma historia, sin reaccionar ni accionar. Y como dijo Marx «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa»; y como siempre los argentinos, volvemos a repetir la historia mil veces, cíclicamente y neciamente; empedernidamente destinados por nuestra propia cultura, a ser miserables farsantes con nosotros mismos. Y con destacadas excepciones, por su puesto; pero todo termina en el mismísimo lugar y con la misma gente, que sabemos que es la cabeza y la cola de serpiente.
Todos sabemos que no fue magia, ni nunca lo será; porque todos sabemos que esto no se resuelve como una varita y un abracadabra; porque tampoco somos niños, ni idiotas, ni ganado ni analfabetos; aunque así ellos nos traten y nos quieran. Sin embargo, no hacemos mucho para demostrar lo contrario; nos abrazamos a los políticos y en las mesas de cafés los criticamos, hablamos de “que se vayan todos” y volvemos a llamarlos; nos sacamos la foto con la escoria pero los queremos presos (ROBA PERO HACE); somos hijos del rigor, y cautivos de nuestras palabras, condenados por nuestra propia historia olvidada en un archivo.
Cambio, otra palabra mágica, que se reventó en la boca de algunos energúmenos que nos prometieron una salida, y siempre nos encerraron en la oscuridad. Cambiar no es la solución, la solución está en otra palabra que no es mágica, sino muy real: hablo de Compromiso; hablo de comprometernos, y no precisamente de militar, sino de comprometernos con nuestra comunidad, hacernos cargos de los fracasos y tomar el toro por sus astas; hablo de valores, de educación y acción. Habló de dejar de creer en los magos, y comenzar a aceptar que todo era ilusión; es hora de hacernos adultos y comenzar a REVELAR los trucos, y de elegir a quienes sean verdaderos.
Diseño de Imagen (Fotomontaje): Alejandro Falappa.