El INDEC es el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, un organismo que produce gran parte de la información demográfica, social y económica pública más relevante del país. Sus estadísticas influyen en decisiones de negocios cotidianas, políticas públicas, política económica y son insumo fundamental de la investigación académica. Entre otros resultados, el INDEC brinda estadísticas sobre el avance de la actividad económica, el comercio interno y externo, el mercado laboral, la pobreza y la distribución del ingreso, además de la ahora polémica medición del costo de vida o inflación a través del IPC.
Por Juan Cruz Varvello
Lic. en Economía
Muchos argentinos consideran que el gobierno nacional miente con los datos de inflación. No hace falta un análisis estadístico riguroso para sacar la conclusión de que desde fines de 2024 muchos precios en la economía cambian poco o prácticamente nada en comparación con el pasado reciente. Se da cuenta el que presupuesta para un cliente, el que hace las compras en el supermercado y hasta el pibe que hace los mandados en el barrio. Empieza a ser habitual escuchar a muchos empresarios o comerciantes decir que no han subido o remarcado precios desde hace tiempo. Para que la economía de un país prospere es necesario un sistema de precios que no esté afectado de forma virulenta por la inflación, como históricamente sucede en la Argentina. Tener un nivel de precios estable debería ser una característica de nuestra organización social y económica, independientemente del partido político de turno.
Sin embargo, es cierto que cuando asumió el gobierno de Milei hubo algunos precios que tuvieron subas por encima del resto. Cuando sucede esto, es decir, cuando algunos precios suben visiblemente más rápido que otros, significa que cambia la relación entre ellos o -como dicen los economistas- los precios relativos de la economía. Los servicios básicos al hogar se encarecieron frente a determinados rubros del gasto como, por ejemplo, ropa o bienes durables (línea blanca). El componente “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” aumentó 250% interanual en 2024, contra una inflación medida por el nivel general que fue menos de la mitad (117,8%), mientras que el aumento registrado en el componente “Prendas de vestir y calzado” fue menor todavía menor (85%). Es esta diferencia de velocidades lo que explica, en parte, este fenómeno en apariencia contradictorio: una disminución en la inflación con aumento del costo de vida. ¿Por qué? Porque la inflación se mide a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC), mientras que el costo de vida es, en definitiva, el que cada familia afronta con su gasto. Aunque el primero debería ser un reflejo del segundo, contextos como el de nuestro país hacen estragos con las estadísticas, generalmente pensadas metodológicamente para países “normales”.
La inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios en una economía. El IPC es una estadística representativa del costo de vida que busca dar cuenta de la evolución del precio de una canasta de consumo típica, representativa del gasto de los hogares del país. Este indicador se construye identificando cuáles son los gastos que realizan los argentinos y dónde los realizan. Una vez recogidos estos patrones de consumo, se arma una canasta como si fuéramos al supermercado y se recogen los precios periódicamente. Las variaciones en el costo de esta canasta es lo que comúnmente asociamos a la inflación.
El problema que tiene esta metodología es que la canasta de consumo queda fija, lo que equivale a pensar que una familia compra siempre los mismos bienes y servicios, y en la misma cantidad. Como sabemos esto no es cierto y se trata de una simplificación para poder realizar la medición, pues de lo contrario habría que averiguar en todo momento cuál es la canasta de consumo. Si los cambios en los precios relativos no fueran bruscos, no debería haber demasiados inconvenientes con esta simplificación.
No obstante, en momentos en los que los precios relativos cambian abruptamente la información que brinda el IPC puede estar muy alejada de lo que sucede con el costo de vida. El encarecimiento de algunos gastos relativamente fijos (servicios, viviendas, gastos financieros) lleva a reasignar el presupuesto familiar, recortando el gasto acostumbrado a realizar en el resto o sin llegar a cubrirlo. Es probable que el peso de estos “gastos fijos” hayan aumentado por encima de los pesos en la canasta del IPC y por ello una caiga mientras la otra aumente. Esto es lo que explicaría que el IPC aumente poco y que a los hogares les cueste llegar a fin de mes. Así como en un contexto de inflación elevada es probable que el IPC sobrestime la verdadera inflación, cuando hay cambios bruscos en los precios relativos seguramente la subestima.
Lo que sucede con el IPC no es trivial porque es una variable que afecta a otras estadísticas sensibles (la medición de la pobreza) y se utiliza para ajustar muchos contratos de la economía (financieros, de alquiler, asignaciones y gasto público, paritarias, cuotas alimentarias). Al utilizar estadísticas en economía debemos ser cuidadosos porque medir es una tarea sumamente complicada. Una estadística por lo general busca sintetizar un fenómeno que es complejo por lo que siempre dará lugar a controversias. Un refrán dice que las estadísticas son como los trajes de baño, porque lo que muestran es importante, pero lo que esconden es esencial. Por eso su interpretación debe realizarse en conjunto con otros indicadores y más importante que su medición puntual, lo relevante es observar cómo cambia en el tiempo, su comportamiento general.
Cuando Moreno intervino el INDEC la medición del IPC era muy diferente de la que realizaban consultoras privadas y los organismos de estadística provinciales. Actualmente esto no sucede, por lo que la calidad institucional del organismo continúa siendo incuestionable desde este punto de vista. La polémica y la renuncia de su director se relacionarían con el freno que el gobierno dispuso sobre la modificación del IPC. Como su canasta es fija, cada cierto período de tiempo hay que actualizarla para reflejar con mayor fidelidad los nuevos hábitos de consumo. La canasta que se utiliza actualmente se basa en el gasto de los hogares de 2004 -cuando no había comercio electrónico, smartphones, ni plataformas de streaming- mientras que el nuevo IPC definiría su canasta de consumo utilizando la encuesta de gasto de los argentinos de 2018.
Este cambio es necesario y los motivos por los cuales no se implementó no son claros. No hay ganancias duraderas ni en términos políticos ni en términos económicos por manipular cifras oficiales. Una moneda sana (baja inflación) y estadísticas públicas confiables son valores institucionales que deben defenderse con independencia del color político.







































